AMM

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¿Cómo pertenecer a la Asociación?

Se puede pertenecer a la asociación de dos maneras:

Siendo miembros en general (cfr. Est. Inter. 4,1), para lo cual, el único requisito es llevar consigo la Medalla Milagrosa e invocar a María Inmaculada con la jaculatoria de la medalla: «Oh, María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.» Este requisito conviene que lo cumplan todos cuantos reciben la capilla con la Virgen.

En la Asociación existen también los llamados «miembros especiales» (Est. Inter. 4,2) los cuales forman parte de un grupo concreto de la Asociación y se comprometen con las actividades espirituales y apostólicas de la misma.

¿En qué consiste la visita domiciliaria?

En formar un grupo de 30 familias para que cada una de ella sea visitada por la Virgen, un día al mes, señalado previamente. Cada grupo nombra su Responsable que cuida del orden de las visitas y del buen estado de la capilla. La Virgen convive un día en cada hogar.

¿Qué se propone la visita domiciliaria?

  1. Orientar a las familias hacia Dios y hacer de cada hogar un pequeño santuario.
  2. Promover la oración «en familia» para que se viva aquello de «familia que reza unida, permanece unida».
  3. Renovar la vida cristiana de quienes la reciben en su cada.

¿Cómo se practica la visita domiciliaria?

Recibida la capilla de la Virgen de la Medalla Milagrosa en la familia, el o la responsable del mismo grupo dirige la oración de saludo a la Virgen. A continuación, se realiza una breve celebración de la Palabra o se reza el Rosario en común. La capilla permanece en el hogar hasta el día siguiente que es llevada a la familia que le corresponde. Durante el día de permanencia de la Virgen se sugieren momentos de oración personal o en grupo.

Oración – Saludo

Santa María Visitadora de los hogares, recibe el saludo de esta familia, que al verte aquí, dentro de casa, no acierta a decir otra cosa que las palabra del Espíritu Santo inspiró a Santa Isabel, cuando tú la visitaste.

«Bendita tú entre las mujeres… ¿Cómo es posible que la madre de mi Señor vega a visitarme?»

Sabemos, querida Madre, que tu delicia es vivir entre tus hijos. Sabemos que vienes porque nos amas porque quieres hacernos sentir tu poderosa intercesión ante el Señor.

En nuestro hogar vas a encontrar pobreza, miseria y pecado. Pero por eso queremos tenerte entre nosotros.

Para que tu presencia nos lleve a la persona de Jesucristo, tu Hijo.

Para que los tesoros de tus manos llenen la vaciedad de las nuestras.

Para que Jesús, fruto de tu vientre, destruya el fruto de nuestro egoísmo, perdonando nuestros pecados.

¡Vencedora de todas las batallas de Dios, Virgen de los pequeños y grandes milagros de cada día! Recibe el homenaje de esta familia que te recibe en su hogar y haz que durante tu estancia entre nosotros te sintamos.

Como una luz que nos ilumina y no se apaga.

Como un perfume que nos atraiga hacia Ti y nos acerque a Cristo.

Como una fuerza que nos sostenga para vivir dignamente como hijos tuyos y hermanos de Jesucristo, que siempre vive para interceder por nosotros ante el Padre Celestial.

«Oh, María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.»

(Récense 3 aves marías intercalando esta jaculatoria)

Obsequios a la Virgen

En cada visita de la Virgen, la familia debería regalarle algo. Entree los obsequios que no debería faltar:

1. La promesa de ofrecer a Dios, diariamente, el trabajo y, especialmente, el cumplimiento de los deberes de estado, haciéndolo todo por María y con María, y para que ella presente al Señor, único Mediador entre Dios y los hombres.

2. El compromiso de:

  • Llevar la «Medalla» que es la Medalla Milagrosa
  • Rezar todos los días tres Avemarías y repetir con frecuente la jaculatoria
  • Leer cada día alguna página de la Sagrada Escritura
  • Recibir frecuentemente los sacramentos de la Reconciliación y de la Eucaristía
  • Suscribirse y difundir el boletín de la Asociación

Consagración de la Familia a la Inmaculada de la Medalla Milagrosa

¡Oh, Virgen Madre de Dios, queremos consagrarte hoy nuestro hogar y cuantos lo habitan!

Que nuestra casa, como aquella tu casa de Nazareth, llegue a ser oasis de paz y felicidad, por el cumplimiento de la voluntad de Dios, la práctica de la caridad y el abandono en la Divina Providencia.

¡Que amemos a nuestros familiares y respetemos a todos los hombres como Cristo nos enseñó!

Ayúdanos a vivir siempre cristianamente, siendo fieles a la fe recibida en nuestro bautismo, que es la fe de la Iglesia. Envuélvenos en tu ternura. Dígnate, Virgen Santísima, transformar nuestro hogar en tu pequeño templo, consagrados todo a tu corazón inmaculado, por gloria de Dios.

Pequeño Ritual

Entronizar la capilla de la Virgen en el lugar de la casa donde pueda ser mejor atendida; se le enciende, si es posible, una luz como símbolo de la fe y la devoción de la familia.
Ya es tradicional rezar ese día, toda la familia reunida, el Santo Rosario, o tener al menos, algún acto de oración en común, ante María.
El obsequio que más agrada a la Madre de Dios es que todos se consagren a su corazón inmaculado y fortalezcan su vida cristiana, celebrando los sacramentos de la Reconciliación y Eucaristía.

Oración – Despedida

Adiós, Virgen Misericordiosa, Virgen Compasiva, Vida, Dulzura y Esperanza nuestra.

Ha llegado la hora de despedirte, pero antes que salgas de nuestra morada, queremos expresarte nuestro agradecimiento porque nos has visitado.

¡Gracias porque nos has facilitado convivir más cerca de Ti!

Perdona nuestras faltas de delicadeza y las desatenciones, nuestra mezquindades y olvidos.

Y antes de salir danos tu bendición maternal.

Bendice a nuestros mayores, para que acertemos a llevar a cabo la misión de ser testigos del Reino de Dios entre los hombres.

Enciende con nosotros la luz de una constante conversión y un ansia de sincera renovación cristiana.

Purifícanos del pecado. Danos la sal y el aceite divinos para que nuestra vida tenga el sabor de Cristo. Y aumenta en nosotros el vino generoso de la fortaleza para hacer frente, como Tú, a las dificultades de la vida y poder vencer en el combate de la fe.

¡Oh, María!, aunque te vayas, no nos dejes; aunque no te veamos, haznos sentir siempre tu presencia y que el próximo mes podamos ser menos indignos de recibirte y entronizarte en nuestro hogar, para que tú lo llenes de Cristo y él nos conceda, junto a ti, un lugar en el Reino Glorioso.

Amén.

Has de tu Hogar un Santuario
a María, Madre Dios.

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